Apio

triptico francis platz

Nunca dejo comida en el plato. La última vez que lo hice fue cuando conocí a mi kriptonita: el apio. Lo probé en una ensalada, rodeado de otros ingredientes que no pudieron camuflarlo para convencerme de su amargura.

Ostentaba un récord de años hasta que conocí a Francis Platz. Jamás me imaginé que una hamburguesa iba a ser la culpable del parate (había pensado en alguna comida autóctona, algo sumamente picante, pero una de mis comidas favoritas…). Escribo estas líneas con tristeza e incertidumbre, porque el local fue mencionado como un must en varias revistas de gastronomía de alta gama. ¿Habrá sido una mala noche? Es que con mala me quedo corto.

El local divino, pipí cucú, re canchero, pero acá la batuta la dirige la carne. Lu se pidió la Yankee (adivinen si tiene cheddar, panceta, cebolla frita y BBQ) y yo la Nórdica (queso azul, pepino agridulce, espinaca e hinojo). Los nombres de las hamburguesas responden a un mapamundi, un detalle simpático al que todavía no le encuentro explicación. Con respecto a las papas, más fu que fa, pero sacaron un puntito inteligente porque vienen con una salsa a elección.

El pedido tardó 45 minutos. Sí, cuarenta y cinco, no es que tardó entre cuatro y cinco minutos, tardó CUARENTA Y CINCO. Una eternidad. Por supuesto que la exigencia se duplicó por el tiempo de espera y eso le jugó en contra.

El primer mordisco bastó para angustiarme. La trilogía pan/carne/ingredientes fallaba por donde se la mirara. No lo podia creer, tan linda había salido la foto para Instagram. Tanto el pan como la carne estaban secos. Muy. El pan parecía viejo y la carne es 100% bife de chorizo, así que tal vez esa sea la explicación. No sé. La situación era un gran »no sé».

Con Lu no entendíamos nada. No hablábamos, sólo mordíamos confundidos y nos mirábamos. Buscábamos el mejor perfil de la hamburguesa, ese donde confluyen todos los ingredientes, para ver si el mar de sabores permitía remontar la situación. Nada. Los ingredientes corrían a la par del pan y la carne (el pepino me recordaba a ese pepino que meten de comodín en las viandas).

»No la voy a poder terminar», deslizó Lu. Rompió el silencio con una declaración más que polémica. Me dejó aturdido. »Cómo voy a salir con alguien que no puede terminar una hamburguesa», pensé, pero por dentro sabía que el récord podía llegar a su fin. No quería, menos con mi niño mimado, pero cada mordisco coincidía con ella.

En mi afán de sostener años de no dejar comida en el plato, me acerqué a uno de los ¿dueños?, con hamburguesa en mano, y le pregunté si era normal el punto de cocción. Se sorprendió al verlo (claro, estaba más que pasado), pero con tal de defenderse dijo que si lo quería más crudo tendría que haber avisado, que ellos lo sacan así (!!!).

Pasé por un tacho de basura y… no lo quiero ni recordar, pero el último bocado no terminó en mi boca. Que la historia me juzgue.

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